Luego del Día Internacional de la Mujer el medio colega Paralelo 32 fue en busca de aquellas mujeres que prestan servicio desde lugares que siempre fueron integrados por hombres.
Estudiantes, profesionales, madres y a su vez, servidoras públicas. Historias que se entrecruzan en un mundo que se abre cada vez más a la igualdad de género.
El cuartel de Bomberos Voluntarios hoy cuenta con un plantel femenino que en su momento superó al masculino. Seis voluntarias reciben a Paralelo 32 y se disponen a charlar en una ronda de mates y buena camaradería entre las chicas.
Thalía, Giovanna, Jazmín, Celeste, Luz, Melisa y Mónica, se presentan y deciden definirse como “bomberos”. Es rotunda la negación a hacerse llamar “bomberas”.
Conociendo las historias de cada una de ellas, encontramos estudiantes, empleadas domésticas, madres y profesionales.
Las historias se van narrando a medida que avanza la charla. Una de ellas cuenta como entró al cuartel, fue cuando pasó por la puerta y justo salían los autobombas a una emergencia, “me despertó curiosidad, eso fue un martes. Al día jueves ya estaba preguntando cómo había que hacer para ser bombero y al fin de semana siguiente comencé con las capacitaciones. Ahora soy bombero. Sentí esa adrenalina cuando pasé y me sentí atraída. Encontré lo que quería encontrar” reconoce.
La más pequeña, con 18 años, cuenta que sintió atracción por integrar el cuartel en plena batucada de la Promo 22. Conoció a un chico que era voluntario y presenció el momento cuando lo llamaron a un siniestro. Eso generó el entusiasmo para que hoy piense en continuar la carrera y quedarse en el cuartel a futuro. “Tengo aun muy pocas cosas fijadas en mi vida, pero lo que tengo más fijo es seguir acá”.
Hay diversas historias de vidas, todas diferentes, pero dentro del cuartel hay muchas cosas que hacen que esas vidas tan ambiguas tengan puntos en común.
Sin darse cuenta, al hablar coinciden en lo seguras que están de ser bomberos. Todas aseguran que lo que más disfrutan son las salidas a las emergencias y la adrenalina que surge en ese momento. A pesar de actúan con los minutos contados, trabajan en perfecta armonía. Hablan de situaciones límites como si se tratara de una sencilla tarea para ellas.
“Ya nos conocemos, nosotras ya sabemos que le afecta a cada una, con esa información nos vamos cubriendo en los siniestros. Después de algún accidente nos quedamos pensando en cómo estará la persona que rescatamos, creo que ese es el momento más fuerte de nuestro trabajo. Siempre tratamos de no involucrarnos, pero hay veces que el vínculo del momento es más fuerte” cuenta una de las voluntarias, destacando el valor del compañerismo que reina entre ellas, “son momentos difíciles, por ahí alguna se queda en la parte fría de la situación y la cubre para que no se sienta tan afectada”.
Al hablar de lo estrictamente relacionado al género, no consideran que sea algo que las haga sentir de menos en el cuartel, al contrario, cuentan que en un momento el cuerpo activo fue integrado por más mujeres que hombres, aclarando que todos hacen las tareas de todos. No hay cuestiones de hombres o mujeres. “Todos somos bomberos, todos nos ayudamos”.
Además agregan que son las que más salen a prestar servicio y “por lo general somos las primeras en llegar”.
Entre ellas hay un buen ambiente laboral, la amistad continúa por fuera del cuartel y consideran que el mismo es su segunda casa y allí son como una familia.
“Todos los días nos encontramos acá, cada una termina su ocupación particular y queda activa para el servicio del cuartel”.
Consultamos si el estar de voluntarias era considerado algo circunstancial, tal vez que cuando cumplan treinta o cuarenta años tenían pensado dejar el servicio, pero interrumpen al unísono. No está en planes de ninguna dejar el cuartel por más que pase el tiempo.
La convivencia con sus compañeros varones no es algo que ellas lo consideren como una diferencia, “somos todos iguales, así sean actividades o emergencias, acá todos somos bomberos” reiteran.
Sobre la lucha por la igualdad y los derechos adquiridos, consideran que es algo positivo, “acá nos llevamos re bien con el jefe del cuerpo activo, podemos hablar en confianza con él y con los compañeros. Estamos en total confianza y contenidas”.
En ese momento surge el tema de la salud mental y la asistencia. La consideran fundamental, “vivimos en un ambiente de estrés, si bien tenemos la posibilidad de recibir asistencia psicológica, optamos siempre por un compañero para hablar. Nos desahogamos y compartimos la dificultad de ese momento”, pero aclaran que hay que dejar de lado el tabú de ir al psicólogo porque es una herramienta que ayuda un montón, “hay que ir, hablar y tratarlo porque se cargan muchas cosas en esta labor. Después de una emergencia, nos reunimos en el cuartel, cada una va hablando sobre lo vivido y nos vamos ayudando si la pasamos mal. Ya nos conocemos”.
Por último, las voluntarias invitaron a que más chicas se sumen a la fuerza, “les decimos que se animen, aquí todas nos acompañamos, los chicos también lo hacen. Que no se dejen subestimar, porque al ser mujer por ahí lo hacen y no está bueno, acá somos un grupo que cuenta con actividades que la puede realizar tanto un hombre como una mujer. Las invitamos, porque la satisfacción de dar lo mejor en un servicio te lo ganas, esto es otra casa, es otra familia, a nosotras nos ha salvado un montón”.
Samira, el inesperado quiebre de paradigmas
En ese marco, entrevistamos también a quien fue electa representante de los carnavales. Como dijimos oportunamente, Samira Cura rompió reglas (en el buen sentido). Fue la primera policía y madre coronada como representante de un concurso de belleza en un evento de la ciudad.
A un mes de aquella noche, Samira considera que esa experiencia la ha cambiado mucho, “sobre todo en el trato con la gente, que siempre me veía como una funcionaria, saqué mi lado personal que a la gente le llegó y es reconocido”.
También toma dimensión de lo que representó su accionar para otras mujeres, “me he cruzado y hablado con chicas que me dicen que no se animan o tienen prejuicio con su cuerpo o porque son madres. Por eso les he dado mi voto de confianza para que se animen. Sé que lo que he vivido lo toman como un antes y un después para las mujeres en general y para la fuerza policial, “sobre todo para aquellas que pasaron los veinte años, porque los concursos de belleza están limitando con la edad, pero esta elección provincial rompió con ese esquema, la representante provincial es mamá tiene más edad y logró cambiar el paradigma”.

Para Samira, la mujer tiene su esencia y su luz, reflexiona y considera que “hay ciertos momentos donde eso se pierde por diferentes situaciones que atravesamos, vamos dejando de hacer lo que nos gusta”.
Cita como ejemplo el transcurso de su vida como estudiante y los primeros pasos como funcionaria policial, “en ese momento tenía otras metas en mi vida, fui mamá, eso marcó un quiebre. Luego de eso empecé a perder lo que era yo, dejé el deporte y las cosas que me gustaban, pensando que tenía que darle todo a mi hijo, sobre todo estabilidad emocional.
Me mudé a Nogoyá, pensando en mi familia, en mi trabajo, en mi hijo, pero dejé de pensar en mí por un largo tiempo y eso conllevó a que me vaya frustrando. Hoy me dí cuenta que la vida es una, que uno llega solo y solo se va, por eso decidí dar puntos finales y vivir para mí para encontrarme a mí misma”.
Más allá de haber superado esa etapa de quiebre, la representante de los carnavales considera que fueron momentos difíciles, “estaba llena de preguntas sobre lo que quería hacer y a donde ir con mi vida. En eso me surgió esta propuesta de ser candidata, la que acepté porque implicaba que me preocupe en mí, sabía que me iba a enfocar a mejorar todos mis aspectos y tratar de estar mejor. Esa aceptación tuvo este resultado que fue algo enorme, jamás pensé en este fin. Disfruté cada momento, recibí mucho amor y sigo enfocada en hacer cosas que me hagan sentir bien a mí, sin dejar de lado mi vida laboral y familiar”.
Consultamos acerca del contexto que hoy vive y la comparación con el que vivieron generaciones anteriores y trae el recuerdo de su niñez creciendo junto a su madre.
“Mi vieja la peleó muchísimo en su época, estuvo sola siempre. Ya de chica yo viví eso, nos bancamos solas, la ví crecer. Al día de hoy nos damos todo el apoyo. Hubo realidades parecidas entre ella y yo, pero hoy la situación actual que permite la igualdad de género y la inclusión es algo de destacar, hemos avanzado un montón. En la institución policial estamos avanzando, hay mujeres que son jefas departamentales. Hoy la mujer tiene una independencia que en su momento no la tenía, creo que tenemos que seguir con cierta firmeza para darnos nuestro lugar, todavía hay campos donde predomina el género masculino. Es un proceso, lo estamos transitando y no debemos bajar los brazos”.
Por último dejó un mensaje a las mujeres instando a que se luche por los sueños de cada una: “si a ustedes les quedan cosas por cumplir, peleen por eso. No sigan con ciertas situaciones de sus vidas con tal de no dar una mala imagen o por miedo a repetir historias de familia. Hoy en día tenemos todo legalizado respecto a nuestros derechos y las tareas de cuidado. Tenemos posibilidades, sabemos que hay cosas que no van y que cuestan dejar, pero el día que den el paso adelante siempre alguien va a estar para ayudarlas” aconsejó y agregó: “no hay que quedarse con ganas de ser una misma y de cumplir sueños que tenemos desde chicas. Las personas que van a estar con nosotras, deben querernos tal cual somos, sin querer cambiarnos nada, sin prohibirnos nada”.