El Concejo Deliberante comenzó a analizar un innovador proyecto de ordenanza denominado “Promoción y Fomento de la Actividad Ladrillera Local”. La iniciativa, impulsada por los concejales Marianela Manassali, Maximiliano Navarro y José Ramón Perello, propone : que el Estado municipal compre obligatoriamente al menos el 30% de los ladrillos, para sus obras públicas a los productores artesanales radicados en el ejido de Nogoyá o en un radio no mayor a cincuenta kilómetros.
Este informe especial fue publicado originalmente en la reciente edición impresa de Paralelo 32. Te invitamos a buscar tu ejemplar en los kioscos de diarios para leer el análisis completo sobre la realidad del sector.
Los detalles técnicos de la normativa
De acuerdo al texto legislativo, la cuota del 30% regirá tanto para las tareas que ejecute el municipio por administración como para aquellas que se liciten a través de empresas contratistas privadas. Para operativizar el sistema, la Secretaría de Obras Públicas tendría la obligación de confeccionar un Registro de Productores Ladrilleros Locales, de inscripción gratuita.
La norma también invita al Ejecutivo a delinear políticas de fondo de carácter complementario, tales como capacitaciones técnicas, líneas de crédito productivo, certificaciones de calidad para el ladrillo de barro y el potenciamiento de la tradicional Fiesta Provincial del Adobe como vidriera del sector.
Más allá de las buenas intenciones de fomento económico que persigue el proyecto, la realidad del sector en Nogoyá plantea un interrogante complejo. Históricamente, la comunidad ladrillera local se ha caracterizado por la herencia familiar y el trabajo manual e informal. La gran mayoría de los trabajadores fabrica el material y vende de manera directa, careciendo de estructuras de acopio, distribución y, fundamentalmente, de facturación regular.
El proyecto ya ingresó formalmente a las comisiones del Concejo Deliberante de Nogoyá. El camino legislativo recién empieza y la clave radicará en cómo se ayuda a los productores a salir de la informalidad y transformarse, finalmente, en proveedores reales del municipio.
