En febrero de este año el presidente de la Cámara de Diputados de la provincia, Gustavo Hein, afirmó en medios provinciales que Entre Ríos es “la capital nacional del suicidio” y expresó su preocupación alrededor de esta problemática cuyas estadísticas revelan una realidad alarmante.
En este marco, desde el gobierno provincial se buscó reforzar las políticas existentes en un contexto complejo, marcado por la restricción presupuestaria y una gran demanda de atención en el sector público de salud. De acuerdo al “Informe sobre suicidios consumados” de la Provincia de Entre Ríos, hasta el mes de mayo de este año un total de 111 personas murieron por suicidio.
El informe, elaborado por Fedra Venturini para Análisis Digital, cita el relato de Agustina Rossi, es comunicadora social, estudia y trabaja en la ciudad de Paraná desde 2018, pero nació y creció en Nogoyá que, según el informe anteriormente mencionado, murieron por suicidio seis personas en lo que va del año. “Es una ciudad bastante grande pero se siente muy pequeña, asfixiante. Allí el chisme vuela y eso afecta mucho a las personas, porque incide en el autoestima: cómo te percibís, tu confianza y tus vínculos”, indicó la joven a ANÁLISIS. En este sentido, observó: “Esta famosa frase de ‘pueblo chico, infierno grande’ es muy correcta”.
La estudiante indicó que le marcaron profundamente las tradiciones religiosas en la ciudad, pero “me generaba mucho rechazo que fueran todos tan creyentes, pero tan mal prójimo” y definió a la ciudad como “conservadora”. Sumado a esto, creció con la sensación de sentirse observada y le generó el comportamiento de juzgarse a sí misma muy duramente y explicó: “Toda mi infancia y adolescencia fue decir ‘cómo voy a pensar esto, usar esta prenda de ropa, pensar de tal’ por los posibles comentarios de la gente y eso es más pesado que la propia mirada ajena, es una persecución autoinflingida”.
A la hora de pensar en temas tabú dentro de la comunidad nogoyaense, dijo: “Hay de sobra… en la adolescencia me di cuenta que habían cosas que no estaban permitidas preguntarse, lo percibí durante el debate del aborto y cuando se generó el movimiento Ni Una Menos”. Por otro lado, sobre el suicidio, dijo: “No se habla nunca” y sumó que otros temas tabú son la educación sexual e incluso la política: “Hay una opinión hegemónica más conservadora y de derecha… si hablás desde otra mirada que no sea esa nadie te quiere escuchar y la respuesta es muy violenta” y agregó: “Allí ser distinto se paga muy caro”. Retomando el tema del suicidio, comentó: “Es muy raro que no conozcas a nadie que se haya suicidado en Nogoyá, las muertes son por distintas causas, desde consumo problemático, falta de horizontes, capacidad de soñar o imaginar un futuro próspero, porque tampoco hay muchas opciones de carreras terciarias o de grado, pero la droga es un factor determinante”.
La estudiante confesó a ANÁLISIS haber padecido de depresión a los 12 años y, afortunadamente, tuvo la posibilidad de recibir ayuda en materia de salud mental, pero relató: “Me afectó muchísimo durante la adolescencia y se debió mucho al entorno, porque es muy difícil pertenecer si no te adaptás a las reglas, además que es muy difícil encontrarte con quién sos y explotarlo dentro de Nogoyá”. Además, destacó: “No fui la única en mi grupo de amigas que tuvo depresión, pero sí la primera en ponerle nombre.
Agustina se mudó a Paraná al finalizar la escuela secundaria y valoró que en la capital entrerriana encontró “un estilo de vida totalmente diferente”: “Tuve la posibilidad de irme y andá a saber cómo lo afronta la gente que pasó por situaciones distintas a la mía y se tuvieron que quedar”. Actualmente, la estudiante de Comunicación dijo que no visita seguido su ciudad y comentó que aún está sanando las heridas de haber crecido allí, “más después de dos suicidios que acompañé, pero espero que mi caso sea particular y no hayan parecidos, porque es muy doloroso y más para quienes no pueden irse”.